Amalia M. Borges Bolivar

Venezuela




Mi nombre es Amalia M. Borges Bolívar, practico el budismo de Nichiren Daishonin desde hace 22 años, lo conocí a través de una amiga en la ciudad de Caracas. En aquel momento no tenía trabajo, vivía alquilada y la renta se me había acumulado.

Debido a que continuamente enfrentaba estados de depresión decidí mudarme a la ciudad de Maracay, y con apenas tres meses de estar entonando me apegué a Nam Miojo Rengue Kio con el deseo de lograr con urgencia la meta de mudarme. Las condiciones se empezaron a dar como mágicas, y  en 3 meses ya vivíamos en Maracay con mi hermana, quien decidió venirse conmigo y significó el apoyo necesario para el logro de mi mudanza.
No tenía una profesión y el trabajo técnico en el cual me desempeñaba había perdido vigencia, pues, fue remplazado por diseñador en computadora. Tremendo problema se me venía encima: deudas, sin trabajo ni propiedades que pudiera vender. Estaba en estado de infierno, no quería vivir, me parecía que todos eran mis enemigos y culpables de cuanto me sucedía, estaba desesperada, Vivía atormentada ¿cómo iba a mantener a mis hijas? mi hermana comenzó a sufragar todos nuestros gastos, incluyendo colegio de mis hijas.
Nublada totalmente por la oscuridad fundamental, representada en arrogancia de la aparente comodidad económica que tenía con mi hermana, fui dejando la práctica a un segundo plano, pues al mudarme de ciudad perdí contacto con la organización, hacia poco daimoku, no me sabia el gonguio, tampoco estudiaba el budismo. De nuevo caí en el karma de depresión, desidia, vacío interior.
Fue asi como comencé a ver la diferencia de cuando yo practicaba el budismo de Nichiren; busqué la Soka Gakkai, quien asignó a una miembro para darme apoyo sostenido con orientación y daimoku hasta ver los resultados.
Nuevamente me discipliné, puse en práctica la orientación que me dieron y con este apoyo entré de lleno en la organización, aumente las horas diarias de  mi daimoku, determinada a cambiar mi vida. Leía el gosho y daba la ley a otras personas, las apoyaba con Daimoku, las acercaba a la Gakkai hasta recibir su Gojonzon. Participaba en todas las reuniones y a pesar de ser tímida participe en baile, dramaticé, canté, fui oradora en asambleas, escribí guiones de teatro, ayude en la planificación y organización de reuniones para más de 200 personas. Todos mis logros estaban en función del kosen rufu, apoye muchas personas a entonar para conseguir salida a sus sufrimientos.  Entregué varios gojonzon entre ellos a mi hermana, y a una amiga de ella.  Mi vida empezó a moverse, a dar cambios en diferentes áreas. Me nombraron asistente de Grupo, y así hasta llegar a encargada de Zona. Había gran alegría en los miembros de mi zona, todos participaban, eran reuniones con gran crecimiento de nuevos practicantes, y se formaban otros Grupos rápidamente. Esta experiencia creó en mi una base de fe tan firme que jamás volví a dejar mi practica pasara lo que pasara.
En lo referente a mi vida personal publiqué un aviso buscando trabajo, me llamaron  y hasta el dueño de la empresa me vino a buscar a la casa. Logre otra de las metas, consolide mi vida de pareja con un hombre maravilloso, éste se hizo miembro y le conseguí un buen trabajo a él también. Sin tener dinero ahorrado comencé a buscar casa para mudarme con mi familia. Después de 8 meses de práctica activa nos mudamos a nuestra casa propia comprada con un plan de venta ideado por mi que el dueño lo aceptó. Decidí trabajar por mi cuenta, dar tareas dirigidas en la casa; ya que la familia creció, tenía tres hijos. Este trabajo de enseñar a los niños me proporcionó mucha satisfacción y deseos de estudiar así que me tracé la meta de sacar el bachillerato para entrar a la universidad a estudiar educación. El daimoku y el estudio de Gosho fueron la llave que me abríó y me abre todas las puertas, no existe situación que yo no supere. Es como mágico, porque también mis acciones son determinantes, sinceras y comprometidas; mis hijas y mi pareja  también participan en las actividades.
Culminé el bachillerato contando con  apoyo tanto familiar como de amigas, y de inmediato entre a la universidad para estudiar educación. Al año de estudio, por medio de un compañero conseguí trabajo en un liceo privado  como docente no graduada, allí sucedieron cosas que fortalecieron más mi fe, tal como que el Ministerio de Educación ordenó retirar a todas los estudiantes que estaban como docentes no graduados con menos del 5to semestre. Botaron hasta a la hija de la dueña del liceo, menos a mí; la directora académica me dijo: tú te quedas con una sonrisa, no me preguntes por qué. Así al cumplirse el año escolar renovaron mi contrato con la máxima carga horaria aspirada por un docente.
Ya con esta confianza metí mi currículo en la Zona Educativa, para el nuevo año escolar me llamaron y fui contratada para trabajar en el Ministerio de Educación. Al poco tiempo fui reconocida como budista y me preguntaban qué haces tú que eres diferente; di la ley a una persona quien recibió Gojonzon. Trabajé durante tres años y luego me dieron cambio para una escuela muy cerca de mi casa con mayores beneficios, pasé a ser docente interina y mi sueldo se quintuplico.
Me coloqué la meta de dar clase solo por 10 años, y después trabajar en nada más y nada menos que la Coordinación  Curricular de zona Educativa. Digo esto porque se requería de estudios más avanzados (post grado) y yo aún no culminaba el pregrado.
Al cumplir los 5 años en esa escuela debido al trabajo coordinado por mi, realizado en la escuela e instituciones de la comunidad del Barrio el Milagro, en el año 2012 fui llamada de la Zona Educativa para trabajar por un año como apoyo docente en la Coordinación de Académico con la segunda al mando.
En julio 2013,  al culminar el contrato, decidieron enviar a la mayoría de las profesores a sus escuelas de origen, por otra parte si alguno se quedaba, debía renunciar al bono asignado; en mi caso me renovaron el contrato y continué con mi bono con buen incremento, buen ambiente laboral y con un horario según mis necesidades.
Este año 2014 me fue renovada la providencia administrativa para continuar trabajando con el equipo; con un cargo mucho más cómodo y con excelentes oportunidades laborales. Todos en mi trabajo conocen la ley, en los  grupos en los que participo acostumbro a  leer alguna orientación de Presidente Ikeda.  
Realmente agradezco los beneficios tangibles pero los intangibles a nivel de mi fe, me han fortalecido para afrontar sin quejarme, ni  dejar de practicar. Los efectos los desafío con abundante daimoku.
Entre otras cosas, enfrenté el proceso de tratamiento de un cáncer de mama, le dí la Ley a 70 personas, me coloqué la meta de que sean felices y perciban lo grandioso de Nam Miojo Rengue Kio. Soy eterna discípula de Nichiren Daishonin  y  del Presidente Ikeda,  Estoy muy agradecida a mi práctica budista sobre todo por mi fe y  fortaleza interior, para comprender y aprender de lo que he vivido como son la pérdida de un hijo, y el cáncer de mama.
Tengo la meta de nacer con gojonzon en mi próxima existencia y atesorar la Ley.  Oro por Jamás  dejar de practicar, siempre me he mantenido pase lo que pase con la confianza, la revisión de mis acciones,  el respeto y reconocimiento de la budeidad en las otra personas. Me nutre la lectura de las disertaciones de nuestro maestro el Presidente Ikeda y leer el Gosho. Estoy segura que todo lo puedo superar y que los obstáculos no son para sufrir; sino para profundizar y avanzar, comprender y atesorar la vida y a las personas.
A lo largo de mi Práctica me han acompaádo estos dos párrafos de los escritos de Nichiren Daishonin: “Los que creen en el Sutra del Loto parecen vivir en invierno pero el invierno siempre se convierte en primavera” y  “Sufra lo que tenga que sufrir goce lo que tenga que gozar tanto el sufrimiento como la alegría son partes de la vida, y continúe entonando Nan Miojo Rengue Kio pase lo que pase”
Muchas gracias