Diana Carolina Hernandez B.
Colombia
EXPERIENCIA 1
Mi nombre es Diana Carolina Hernandez
Bedoya, nací y vivo en la ciudad de Ibagué de mi hermoso país Colombia. Quiero
compartirles el motivo por el cual inicié mi práctica budista. Mi madre venía
cantando Nam Miojo Renge Kyo desde el año 2006. Desde siempre en la familia, y
en todo nuestro entorno, solo se asistía a iglesias católicas o cristianas. Es
más mis padres tomaron la decisión de elegir un colegio católico de monjas para
que yo realizara toda mi primaria y bachillerato, transcurrieron esos años de
mi vida hasta que llegué a cursar 10° grado de bachiller en el año 2007 y en
ese momento mi padre se vio afectado por las enfermedades que lo acompañaron la
mayor parte de su vida y que había manejado con medicamentos y por temporadas
con dietas establecidas por sus médicos tratantes.
En esa apoca mi padre tenía 64 años y se
veía muy bien, pues la familia que conformamos siempre ha estado llena de amor
y la relación de pareja de mis padres fue hermosa, parecían dos tortolitos
demostrándose amor a cada instante. Pero la situación se salud de mi papá llego
al punto que lo tuvieron que internar en cuidados intensivos alredor de un mes.
Todo fue realmente fuerte, inesperado y emocionalmente difícil de enfrentar, ya
que otra familia de mi papá no nos permitía verlo ni estar con él, cuando
lográbamos visitarlo era a escondidas para evitar enfrentamientos o disgustos.
Luego lo pasaron a una habitación bajo supervisión y salió de nuevo a realizar
su vida, compartimos muchos momentos, lo consentimos pero al mes le dio una
recaída. Mi padre tuvo sobrepeso, diabetes, cardiopatías diabéticas,
triglicéridos y colesterol alto, controlados hasta que ya el cuerpo no resistió
mas y empezó a pasar la cuenta de cobro.
Pasé al grado 11° que es el último para
poder graduarse como bachiller y se vinieron los gastos del grado en aspectos
como el vestido de la celebración, el pago del salón y comida que se comparte
con los compañeros y familiares, el cabello, maquillaje, el viaje de excursión,
etc. El asunto era que mi padre estaba a cargo económicamente del hogar además
de ser nuestro apoyo y protección emocional e incondicional en todos los
aspectos de nuestra vida.
Es así como yo me encontraba en un estado
de tristeza profunda y desesperación al ver tantos compromisos económicos y
saber que era mi grado y que mi papá no estaba con nosotras en ningún aspecto,
pues desde la clínica no podía hacer ningún movimiento económico y nosotras no
manejábamos dinero. Todos los días las compañeras del colegio me preguntaban ¿cómo
es tu vestido? ¿Ya lo tienes? ¿De qué color es? Ellas decían que lo habían
mandado a hacer, que ya lo habían comprado y yo desde luego no sabía qué hacer
ni que decir porque no tenía idea de cómo resolver esta situación. Es allí
cuando mi mamá me dice que entone Nam Miojo Renge Kyo para lograr lo que
necesitaba. Yo ya la había visto entonar y había asistido a reuniones de
budismo pero no practicaba y ahí por ese objetivo empecé. Entoné muy
concentrada, no miraba el reloj, se me pasaban una y dos horas, asistía a
reuniones y participaba en ellas como maestra de ceremonia, procuraba acompañar
a las divisiones de damas, caballeros y jóvenes en jornadas de daimoku por una
hora semanal para el fortalecimiento de cada una, hacia parte de actividades
como cantos o bailes. Y justo en la última semana antes de mi graduación a la
más joven de mis tías, que había sido candidata a reina en su universidad, donde
había usado un vestido rojo largo, le contamos de mi grado y me lo prestó, me
lo medí y me quedó perfecto, ya tenía el solucionado ese aspecto. Mi abuela me
regalo $30.000 para comprar los zapatos, yo tenía ahorrado $15.000 para mi
peinado y maquillaje, y mi padre pidió prestado dinero a un compañero para la
excursión a Panamá, es decir de un momento a otro, con mi práctica, solucioné
lo que antes me desestabilizaba.
Continúe con mi práctica diaria,
participando en las actividades y muy activa. Mi padre salió de la clínica pero
con oxigeno permanente, mi mamá y yo entonamos para que él prolongara su vida y
viviera 5 años más, para que por lo menos yo quedara en 5° semestre de mi
carrera y así fue. Le contábamos a mi papá de la práctica, le cantábamos
daimoku, hablábamos mucho con él y nos demostramos mucho amor como siempre. Hasta
que el 11 de abril de 2011 mi padre falleció. Al principio quedé como que no
reaccionaba a lo que sucedía, luego lloré, luego sentí el vacío físico, la voz,
la ausencia, lo que llamamos apegos, y en la noche extrañaba las acostumbradas largas
charlas con él. El día de su partida al
pico del águila, me llamó una miembro para explicarme qué la muerte era un
hecho natural y necesario para los seres mortales, pues cuando nuestro cuerpo
físico está agotado necesita renovarse, en ese momento lo pude comprender de
forma tan clara con mi vida, que esa ausencia se convirtió en tranquilidad y
felicidad.
Las frases de los escritos de Nichiren
Daishonin que nos animaron a mi madre y a mi todo este tiempo fueron: “Aunque el sol salga por el oeste, aunque el
mar cese su flujo y su reflujo, aunque alguien pudiere unir los mares jamas sucederá que las oraciones del Sutra de Loto queden sin respuesta” y “Nam Miojo Renge Kyo es como un rugido de
un león, entonces que enfermedad puede ser un obstáculo”
Desde que comencé a practicar el budismo de
Nichiren Daishonin, y gracias al apoyo de los miembros y al mi mamá quien
activó la ley en mi vida, he podido enfrentar y aprender acerca de la
enfermedad, la muerte, situaciones de escasez económica, relaciones personales,
de pareja y de disciplina, en todos los ámbitos de mi vida. He podido hacer mi
revolución humana al entender las acciones que me hacen daño y lastiman a los
demás.
Muchas gracias a todos por escucharme y
brindarme su apoyo.