Erick Bonacy

Venezuela


Mi nombre es Erick Bonacy tengo 20 años y soy de Venezuela. De pequeño fui un niño muy tímido y miedoso. Fui prácticamente criado por mi madre, ya que muy poco veía a mi padre.  La figura paterna apareció en mi vida ya de adolescente y ciertamente esto tuvo un gran impacto en mis miedos y temores. Mi madre fue quien nos proporcionaba todo a mí y mi hermano, sin embargo mi relación con ella de pequeño tampoco fue buena.  A los 8 años,  tuve la buena fortuna de escuchar por primera vez Nam Miojo Rengue Kio. Lo oí por medio de mi tía Marta. En aquel entonces me pareció raro y confuso lo que ella decía, pero despertó en mi una gran curiosidad  y le pregunté a mi primo, quien estaba a mi lado en ese momento y el me respondió diciéndome:"ella está diciendo esto" mostrándome un librito extraño (la Litugia). Lo examiné con mucha atención.  Las palabras me parecieron difíciles de pronunciar y sin sentido alguno, pero oír ese "Nam Miojo Rengue Kio" ya había despertado en mi la curiosidad.
De pequeño mi relación con mi madre nunca fue buena, siempre hubo peleas y golpes, y siempre me cuestionaba. Yo le pedía mucho a dios que mi madre cambiara y que ya no fuera así, e incluso en una ocasión le pedí a dios que si mi madre cambiaba yo sería un cura.  Mi fe en dios en esa época era muy grande y pedía constantemente por ese cambio de mi madre. Un día hablando con mi tía Marta le comenté que no quería que mi mama fuera así y que yo le pedía a dios para que toda esa situación cambiara.  Mi tía muy amablemente me habló de una forma muy espiritual que me hizo sentir una gran paz interior, y fue ella quien nos habló a mi mama y a mí de "Nam Miojo Rengue Kio".   Mi mamá en aquel momento no le dio importancia, pero para mí fue el inicio de una nueva vida.  Mi curiosidad fue aumentando, y veía como mi tía diciendo esa frase frente a un pergamino que ella llamaba Gojonzon hacía cambios en su vida. Me sorprendía mucho ver que lo que ella practicaba le daba respuesta más rápidamente.  Fue en ese momento que tuve un pensamiento que me llevaría al budismo: "le pedimos algo dios y tenemos respuesta, mi tía le pide al Gojonzon y también tiene respuesta, entonces pensé: es la persona la que hace que las oraciones se cumplan porque si todo depende de dios, al orar mi tía al Gojonzon no debería tener respyesta, y si la tiene es porque todo depende de ella.  Empecé a leer sobre el budismo, su significado, de que trataba, que hacían los practicantes, entre otras cosas. Me empecé a hacer muchas preguntas y como buen católico, buscaba las respuestas en dios, pero no me sentía satisfecho con las respuestas que me daban, mientras que cuanto más leía sobre el budismo más me sentía atraído hacia esa filosofía.  De igual forma mi mamá comenzó a interesarse sobre el budismo aunque con menor intensidad que yo. Al pasar el tiempo mi tía Marta falleció y entonces fueron mis tías Amalia y Margot quienes me hablaban del budismo y hacían lo mismo con mi madre y mi hermano menor.  Yo vivía solo con mi mama y mi hermano y decidí probar y tener mi propia prueba real para  “que la relación con mi mama cambiara".  En la casa de mi abuela había un Butsudan solo, frente al cual me sentaba a orar. En ocasiones me obligaba a mi mismo a orar, y me decía "si paso 1 hora en la computadora, 2 horas en la calle entonces  puedo pasar una hora aquí entonando". Algunas veces lo hacía con fastidio, me ponía como meta una hora de daimoku y lo hacía viendo el reloj, preguntándome a mí mismo qué tanto me faltaba, incluso  un día llegué a hacer dos gonguios juntos para completar la hora, porque repetir tantas veces Nam Miojo Rengue Kio me fastidiaba. Me sentaba y pensaba en una madre a la que pudiera contarle todo, que fuera mi amiga, esa madre con quien pudiera conversar sin sentir miedo. Poco a poco eran menos las peleas con ella.  El miedo hacia mi madre y mi miedo interno fueron desapareciendo.  Empecé a ver a mi madre como la mujer que me dio la vida y dejé de verla como la mujer con la que no quería vivir, empecé a sentir amor hacia ella.  Oraba incluso antes de acostarme, repetía "Nam Miojo Rengue Kio" y mi mama en una determinada ocasión llegó a repetirlo conmigo. Un día me sucedió un evento desafortunado en el liceo, me habían robado algo donde guardaba una información muy valiosa sentimentalmente y yo sabía quién me la había robado pero no me sentía lo suficientemente valiente para enfrentarlo. Eso sucedió un viernes, así que todo el fin de semana lo pase orando.  Oraba y oraba por recuperar lo que robaron y lo hacía con duda, pues no sabía cómo se solucionaría, pero imaginaba que orando lo recuperaría. El día lunes fui al liceo decidido a buscar a la persona que sabía que me había robado y lo enfrenté. Le dije que sabía que tenía algo que me pertenecía, y su respuesta fué: “si, toma aquí lo tienes. Yo se la había quitado a otra persona”. Yo sabía que eso era mentira pero aun así no dejaba de sorprenderme la forma en que lo recuperé y mi actitud ante la situación. Tuve el valor de enfrentar a esa persona, cosa que jamás antes en mi vida había podido hacer.  Sentí una gran seguridad y calma en mi interior. Y en ese momento decidí que de ahí en adelante (a mis 14 años) practicaría con dedicación el budismo de Nichiren Daishonin. El budismo me ha ayudado a crecer, estoy seguro y claro de lo que quiero en mi vida, algo que antes ni me veía haciendo. Tengo una mejor amiga a quien le tengo gran confianza y a quien puedo contarle todo. Ella sabe todo sobre mi vida y es mi mamá.
Estoy estudiando ingeniería en telecomunicación.  Poco a poco voy terminando la carrera y mi principal meta una vez que me gradúe será la de colaborar con la SGI a través de mi profesión en la difusión del Budismo de Nichiren Daishonin, para que éste pueda llegar a mas sitios y rincones del mundo,  y que a las personas les sea más fácil y accesible conocer la ley. He conseguido muchos logros internos y cada día me siento más comprometido con la Organización. A través de mi práctica diaria, aprendo cada vez más a conectarme con el ritmo perfecto del universo mediante la entonación de Nam Miojo Rengue Kio.
Para cerrar quisiera citar una frase de mi mentor Daisaku Ikeda, que me inspiró mucho en el proceso de transformación de mi vida: "cada quien hace la causa que quiere y recibe el efecto que merece".

Muchas gracias a todos por escuchar mi experiencia.