Nilda Negretti S.

Venezuela

 EL CÁNCER LLAMÓ DOS VECES.

Soy Nilda Negretti, miembro y responsable de la SGI de Venezuela y tengo 18 años de práctica.
Yo de niña fui muy insegura, con una autoestima muy baja, y vivía en continuo desencuentros con mi padre. Al llegar a la edad adulta y entrar a la universidad  comencé a sentirme mas valorada. Cuando empiezo mi tesis de licenciatura decido ver a un psicoanalista, con quien duro ocho años, allí inicié la reconciliación con mi padre, quien luego de una larga y dura enfermedad, muere. Inmediatamente después me diagnostican Linfoma No-Hodgkin, cáncer del sistema linfático. En ese momento recién conocía la practica, reflexiono y me doy cuenta que no me estimaba, me someto a quimio y radioterapia, realizo los cambios internos necesarios y supero satisfactoriamente el primer llamado de la enfermedad.
Después de eso mi vida transcurre con normalidad, hasta que comienza mi madre con problemas de conducta y le diagnostican Alzheimer. Para ese entonces de cinco hermanos, la hermana menor, vivía en Puerto Rico, el resto estábamos en Venezuela ya que mi hermana mayor que vivía en Alemania, había venido temporalmente a trabajar. Mi madre empeora, mi hermano fallece en 2014 y mi hermana mayor decide irse de vuelta a Berlín, solo dos hermanas nos quedamos con mami.
El gasto económico y emocional relacionado con el cuido de mamá lo asumíamos las que vivíamos en Venezuela, mis hermanas en el exterior, la mayor y la menor, en ocasiones asumían responsabilidades y contribuían con insumos esporádicamente. La situación en el país se fue agudizando y yo todo ese tiempo me mantuve adelante gracias a que seguía practicando y abriendo mi casa para las reuniones. Pero ocasionalmente me sentía abrumada y hasta deprimida con las continuas demandas emocionales y físicas que requería el mantenimiento de la infraestructura alrededor del cuido de mami.
La gota que rebasó el vaso fue en marzo del año 2015, justo la noche antes de mi regreso de visitar a mi hija en Londres, a mami se le sale el gastroctomo, tubo en el estomago para su alimentación, mi hermana ese día estaba en el aeropuerto saliendo a Méjico por trabajo. Yo tuve que arreglar todo por teléfono desde Londres, hablar con la enfermera, pedir ayuda a mi cuñada, hablar con el medico, monitorear que todo estuviera saliendo bien, no dormí nada. Al llegar a Caracas a los 4 días de nuevo se le sale el gastroctomo. La enfermera se iba y tenía que buscar una nueva, nos quedamos sin Sra. de servicio, había muchas cosas que reparar, me tuve que dedicar de lleno a la casa de mami, estuve allí por dos semanas haciendo de todo, reparando, limpiando, cocinando, además de buscar y entrenar a la nueva enfermera, esto se prolongó por mas de un mes, el resultado fue que a principios de mayo colapsé. Quería salir corriendo, me dio un ataque de llanto, no podía ni entonar (repetir Nam Miojo Rengue Kio), pedí ayuda a mis responsable. Luego, después de entonar mucho, me di cuenta que el problema no era mami sino la familia, tomé la decisión que las cosas cambiarían, las hermanas en el exterior tenían que sumir mas responsabilidad, mi hermana aquí en Caracas estar mas presente físicamente en casa de mami. Decidí hablar desde mi corazón con las hermanas del exterior, si no podían estar presentes por lo menos contribuir económicamente, recuerdo que les dije que si no cambiaban las cosas, iban a tener que arreglárselas sin mí porque ya no podía con tanta presión y podría hasta enfermar.
Ese mes me dio gripe, se me inflamaron las amígdalas y una de ellas no cedió. Fui al internista y con antibióticos la amígdala seguía inflamada, yo me preocupé porque con mi antecedente debía estar atenta. Fui al otorrino, me hice exámenes en junio, había que sacar la amígdala y biopsiarla. Me operaron, el resultado de la biopsia mostró presencia de células cancerígenas, tipo linfoma No-Hodgkin. Mantuve mi daimoku (repetición de Nam Miojo Rengue Kio) y siempre estuve acompañada no solo de mi hermana y amigas, sino también de mis compañeras de fe que desde un primer momento me estuvieron apoyando y acompañando incluso en el quirófano. Mi hija estuvo en estrecha comunicación conmigo, día a día siguiendo todo los acontecimientos y apoyando con daimoku.
Visité al oncólogo quien entre otros exámenes me indicó hacer un examen que permite ver en detalle las zonas del organismo afectadas con cáncer. El examen arrojó que tenía severamente comprometido el bazo y varios ganglios toráxicos. Para mi era más que claro que tenía metástasis. Una de las cosas que he aprendido es a no temerle a las palabras cáncer ni metástasis, y parte de mi misión es cambiar la percepción  de las mismas.
El oncólogo me dijo que la enfermedad había sido benevolente conmigo ya que gracias a la amígdala se pudo detectar la presencia de la enfermedad en otras zonas.
A todas estas me dispuse a estudiar, de la disertación por mi mentor del Gosho “Sobre la prolongación de la vida”, me acompañaron varias citas, una de ellas dice: “La enfermedad no es en sí misma, una señal de derrota. Lo importante es no dejarse vencer mental o emocionalmente por la perspectiva de estar enfermo. La fe es la fuente de la cual brota el espíritu de lucha necesario para hacer frente a la enfermedad”. Me dije, esto es otra enfermedad más, la puedo erradicar. Hay otras enfermedades que no se pueden erradicar y hay que vivir con ellas. No se trata de curar los síntomas, se trata de ir a la causa primaria de la enfermedad, a la raíz.
Para mi fue crucial leer un artículo que  indicaba que Sensei enfermó y estuvo hospitalizado, al respecto él dijo “en lo personal, sentía que mi enfermedad era un regalo que me hacía la gran benevolencia del buda”. Después de mucho daimoku entendí con mi vida el significado de esta frase, mi enfermedad era un beneficio, producto de la benevolencia del buda, ya que era la oportunidad para, de una vez por todas, cambiar el karma familiar de raíz. La hora había llegado, estaba dispuesta a asumirlo, dar prueba real de la práctica, salir victoriosa y corresponderle a Sensei.
Mi hermana mayor vino de Berlín en septiembre 2015, después de mucho daimoku hablé con ella, pudimos dialogar y le dije desde mi corazón todo lo que yo pensaba, ella reaccionó positivamente, a tal punto que gracias a mis oraciones y determinación comenzó a contribuir económicamente aportando una suma sustancial en moneda extranjera para el cuido de mami. La otra hermana en Puerto Rico comenzó a contribuir más activamente.
En mi familia había un karma de desarmonía familiar e irresponsabilidad y un cierto rechazo hacia mi hermana mayor. Asumí el karma familiar y me dispuse a acercarme a mi hermana mayor, me di cuenta que no la respetaba, así que hice mucho daimoku para tratarla con profundo respeto. Uno de los beneficios no solo fue que ella comenzara a asumir mas activamente la responsabilidad económica del cuido de nuestra madre, sino que ha comenzado a practicar el budismo de Nichiren Daishonin y ahora tenemos una excelente comunicación. Sigo orando para que la relación entre mis hermanas mejore y la armonía familiar sea completa.
En lo que respecta a la fe, decidí que iba a mantener elevada mi condición de vida.  Además de estudiar y leer mucho, me dispuse a realizar visitas familiares, a recibir en mi casa a las señoras y apoyarlas. Hice daimoku dos, tres y cuatro horas diarias y además le hablé a muchas personas de budismo. Decidí mantener mi casa abierta para las reuniones. Los beneficios no se hicieron esperar, por cuestión de tiempo sigo mencionando solo algunos de ellos.
El Oncólogo me indicó que debía recibir quimioterapia. Me apliqué la primera, pero por el alto costo decidimos solicitar ayuda ya que el pago de las restantes sesiones era muy elevado. Resultó que la pareja de un amigo trabajaba en el Banco Central de Venezuela, y con su colaboración introdujimos la solicitud que en menos de una semana fue aprobada. Así que recibí los tratamientos en un lugar súper tranquilo, con todos los cuidados requeridos y con el trato de respeto y consideración necesarios.
Para el último tratamiento en enero uno de los medicamentos estaba desaparecido, esta vez se activó la red de amigos, familiares, conocidos, miembros, etc. Nos movimos por las redes sociales y diversas instituciones, apoyaron con daimoku miembros y nuevos practicantes en Venezuela y en diversos países. Fueron dos semanas intensas de daimoku y movimiento por las redes sociales, hasta que el medicamento apareció por partes, en Caracas en un hospital, en un centro oncológico y en una ciudad del interior de Venezuela, el tratamiento se retrasó solo una semana. Luego me realicé la tomografía axial computarizada para evaluar el estado de mis órganos internos, el resultado indicó que todos los órganos estaban normales, no se observó ninguna anormalidad en bazo, ni en los ganglios toráxicos. De seguido comencé a informar y a agradecer a mi familia, mis amigos, a los miembros y nuevos practicantes en todas partes.
Este ha sido un viaje donde he estado acompañada y apoyada en todo momento, y además fuerte y llena de esperanza gracias a mi práctica. Al comunicar la victoria pude sentir la alegría de la victoria compartida. Me he dado cuenta que cuando compartimos momentos de lucha, le estamos abriendo la puerta a otras personas para que expandan sus vidas y generen beneficios al ayudarnos y apoyarnos, y adicionalmente, al lograr el objetivo, los llenamos de alegría y esperanza.
En mi experiencia yo no fui la única beneficiada, también lo fueron todos los que de una u otra manera se involucraron conmigo para que ganara.
El cáncer llamó por segunda vez y estoy segura que es la última.
A todos los involucrados gracias y los felicito porque mi victoria es la victoria de todos nosotros.
Gracias

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